Palabras del ex presidente de Uruguay y Presidente de la Fundación Círculo de Montevideo, Julio María Sanguinetti.
México, D.F., 26 de julio de 2012.

Presentadora: Toca el turno en el uso de la palabra al señor Julio María Sanguinetti, expresidente de la República Oriental de Uruguay.

Sr. Julio María Sanguinetti: Señor Presidente, estimado Carlos, señores presidentes, gobernadores, legisladores, amigos todos:

Estamos aquí reuniendo una vez más al Círculo de Montevideo, es un grupo de reflexión que nació de la inquietud que teníamos unos en España, otros en Latinoamérica, de esto que era las dos cosas, Carlos: Tiempo de cambios y cambio de tiempos.

Las dos cosas, porque había comenzado una etapa histórica diferente, simbolizada de un modo formal con la caída del Muro de Berlín que puso en relieve simplemente lo que ya venía ocurriendo, es decir, una globalización de comunicaciones, una globalización financiera que fue la primera; una globalización que nos imponía nuevas condiciones.

Teníamos que caminar en solitario por un camino nuevo, como dijo Rousseau. Y ahí empezamos entonces a trabajar los presidentes aquí presentes: Don Felipe González, don Belisario, Ricardo, Fernando Henrique Cardoso, que hoy no pudo estar, el Presidente Zedillo, Enrique Iglesias, Secretario Iberoamericano.

Y empezamos a reflexionar, a pensar en un mundo en el cual corremos todo el tiempo, pero no siempre tenemos la posibilidad de la pausa.
Y luego nos encontramos con que lo más práctico es tener por lo menos una buena teoría y saber de qué modo poder encarar todos este aluvión de temas que se nos vienen encima.

Y así hemos estado16 años ya hablando de la globalidad inevitable hacia el tiempo histórico, hablando de la democracia, hablando de la economía de mercado, hablando de la necesidad de la innovación tecnológica permanente, hablando de la competitividad, hablando del sistema financiera, hoy tan de moda.

Sistema financiero que, como recién le decía a Carlos, nunca te lleva al paraíso, pero al infierno en una tarde.

Y de ahí que esos son los grandes temas que hemos ido abordando uno a uno a lo largo de estos años tratando de influir con publicaciones, con artículos, con nuestra propia acción personal en países a los cuales el debate político a veces airado, de pronto crispado, muy mediatista, suele perder de vista la perspectiva temporal que es tan fundamental para entender lo que ocurre.

Aquel mundo que imaginamos que pasada la Guerra Fría pasaba a ser un tiempo de paz kantiana, a poco de andar, descubrimos que no; vinieron guerras locales: Afganistán, Irak, vino el fenómeno terrorista a nivel también globalizado; ya no enfrentábamos enemigos nacionales, hasta las guerras habían cambiado; ya no eran guerras nacionales de estado contra estado; era el narcotráfico, era el terrorismo, eran fenómenos supra nacionales, que estaban más allá de las fronteras.

Todo esto nos iba provocando la necesidad de estar constantemente reflexionando. Vivimos algún tiempo de crisis, pero sobre todo un tiempo de gran expansión de la economía mundial; expansión hasta exagerada, expansión hasta excesiva.

Luego vino la famosa crisis del 2008 y hoy estamos en 2012 y no hemos terminado de salir de esa situación, como para decir: el mundo ya no está en crisis. Por supuesto, América Latina no ha tenido una mala historia; el nuevo actor mundial, que es China, que ya ha hecho plural el gobierno del mundo, ha incidido decisivamente.

Los del sur nos hemos beneficiado, sin ninguna duda, porque las materias primas, minerales y los alimentos nos han dado una respuesta formidable de crecimiento. Ustedes acá al norte, no tanto, pero sin embargo, están sólidos, está sólido México; está mejor Centroamérica, no hay ninguna duda de ello.
Y eso es muy importante en lo económico, es muy importante en lo social y es muy importante en lo político.

En lo económico, porque el crecimiento es la condición imprescindible, necesaria, para imaginar mejores tiempos para la gente y sí ha crecido; irregularmente, es verdad; a veces con falta de innovaciones tecnológicas para estar en la modernidad; con suerte, variadas en el aprovechamiento, no lo puedo ignorar; no todos los países han aprovechado bien esta bonanza.
Hay quienes han invertido en infraestructura, en energía, en educación; hay quienes no lo han hecho, han invertido demasiado en armas desgraciadamente o han despilfarrado de otro modo, en aventuras políticas también. No ha sido homogéneo, pero en todos lados se ha crecido y eso ha repercutido en la sociedad.

Es verdad, la pobreza ha bajado, pero seguimos con un 30 por ciento de latinoamericanos en una situación de pobreza y eso no es poca cosa; es un formidable desafío que seguimos teniendo adelante.

Y si lo vemos, a su vez, en una educación que no está en los niveles de calidad necesarios para poder quebrar el círculo vicioso del subdesarrollo. Esos son los horizontes, los desafíos que tenemos por delante.

Y hemos progresado en lo político también, pese a todos los pesares. Es verdad, no está ya la Guerra Fría, no están unos para armar guerrillas y otros para bendecir golpes de estado.

No están felizmente, pero felizmente también nuestros países han ido evolucionando: Los dos más grandes, por no nombrar sino a México y a Brasil, han evolucionado políticamente.

Brasil nunca tuvo partidos, recorrió los 200 años de su imperio prácticamente sin partido, liberales y conservadores no se distinguían por el pensamiento. 

Sin embargo hoy Brasil tiene partidos políticos que son las corrientes que estabilizan los modos de pensamiento y le dan estabilidad y previsibilidad a la gestión.

El gran problema, el gran desafío del mundo político es siempre eso: Los hechos no son previsibles pero tiene que ser previsible nuestra conducta y eso es el elemento fundamental de la confianza. 

Hemos mejorado, México también, sin ninguna duda; están sus tres partidos funcionando. 

Hay debate, por cierto; lo seguirá habiendo siempre, pero todos ellos se han resuelto y se van a resolver dentro de la institucionalidad. 

Estos mismos días uno oye discusiones, debates a veces airados, pero todos ellos se van a resolver dentro de la institucionalidad y ese es el gran valor, el gran activo que tenemos hoy en México y en toda América Latina.

Hemos tenido una crisis política en Paraguay, fue una crisis política, no otra cosa; no fue un golpe de estado, no hubo irrupciones militares, policiales o de fuerzas violentas.

Se está resolviendo y se resolverá siempre dentro de la institucionalidad, como se resolvió en su tiempo también lo de Honduras o las tantas situaciones que vivió Ecuador o como en el 2001 y 2002 las vivió Argentina, por ejemplo. Ese es un gran patrimonio y un gran activo a cuidar.

Justamente nuestro Círculo ha hecho grandes esfuerzos por explicar, por afirmar, por difundir el valor imprescindible de esa institucionalidad que es fundamental a la democracia y fundamental también al desarrollo económico. 
Naturalmente tenemos amenazas, ha habido gobiernos que no terminan, hay la amenaza populista; esos presidentes por encima de las instituciones, esos presidentes que sustituyen el Parlamento por la plaza pública. Los hay, los hay; sí, los hay, pero irá pasando.

Es todavía rezago de nuestras viejas inmadureces que están allí y lo malo es que ejercen a veces la autoridad con algo de exceso y bien sabemos que ya el noble Montesquieu nos decía que no hay peor tiranía que aquella que se ejerce a la sombra de las leyes. 

Estamos hablando aquí hoy en un país libre, en un continente libre y podemos enfrentar y superar esos males como hemos superado tantos otros. 
Venimos hoy aquí a reflexionar, venimos hoy a pensar, señor Presidente, y venimos también a agradecerles a todos ustedes el interés en nuestro trabajo.

Muchas gracias.



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